La ubicación geográfica de Colombia, en la zona tórrida, entre dos océanos y con una variedad de climas y accidentes geográficos que le permiten tener a pocos minutos de distancia selvas húmedas, bosques tropicales, costas ardientes, páramos encumbrados y otros ecosistemas fascinantes, ha servido para originar una vegetación, nativa muy rica dentro de la cual las flores se han convertido en símbolos de una exuberancia natural que sigue asombrando a viajeros y científicos que atraviesan el país. Es así como, dentro de ese entorno, dentro de ese paisaje urbano y rural, la flor se alza como el símbolo de una naturaleza que ha sido inmensamente generosa.

Actualmente, Colombia es el segundo país productor de flores en el mundo, después de Holanda, y el primer exportador a los Estados Unidos. Estos logros no han sido espontáneos. Son el resultado de una conciencia clara sobre un clima privilegiado,  

 La hermosura de un producto y el conocimiento de un progreso que requiere planeación eficiente, organización estricta, control de calidad permanente y capacitación a fondo del personal qué después de atravesar el universo alucinante de la historia de la flor desde las guirnaldas indígenas hasta la Expedición Botánica; de emocionarse con los secretos de la naturaleza mientras una abeja espera que una flor cambie su temperatura para penetrarla y untarse del polen que facilitará la polinización fecunda; después de sorprenderse con los nombres y los significados más variados de las flores y de admirarse con los logros de los cultivadores y exportadores, el lector sabrá que con este libro se abren nuevas posibilidades al estudio de un tema apasionante: las flores colombianas, que son la imagen más hermosa, más cálida y más plena de vida que este país

 

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